Chimpancés devoradores de hombres

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Una pequeña amputada por el ataque de un chimpancé cerca de Kibale.

El chimpancé ya no es bienvenido en Uganda. Ataca a niños que sufren la amputación de un brazo o una pierna. O muere. Pero no es la única especie que ha cambiado de hábitos. Cocodrilos, osos, hienas actúan de forma similar.¿Qué está pasando? ¿Por qué agreden al hombre? Los científicos ya han hallado la respuesta y al único culpable.
«Él corría mucho más rápido que yo. Me agarró una pierna y me caí. Entonces cogió a mi bebé.» Anet Alikiriza cuenta mirando al suelo lo que sucedió el día en que un chimpancé le arrebató a su hijo de tres meses cuando regresaba a su casa con su madre después de haber estado recogiendo patatas. Para cuando llegó al lugar un hombre con un palo que se pudiese enfrentar al animal, el bebé tenía ya horribles heridas que le causarían la muerte poco después. Anet vive junto al Parque Nacional de Kibale, al oeste de Uganda y es una de las víctimas de los ataques a humanos de los chimpancés, que ha investigado la BBC. En los últimos siete años en esa zona ha habido al menos 15 ataques a niños pequeños, la mitad con resultado mortal y la otra mitad con graves heridas y amputación de brazos y piernas.
El fenómeno no es nuevo, pero ha adquirido una nueva dimensión. En la entrada del Parque Nacional Gombe, en Tanzania, hay un aviso con las normas básicas para acceder a la reserva de chimpancés más famosa del mundo. Entre ellas hay una que sorprende: los niños menores de ocho años tienen prohibida la entrada. Jane Goodall, a cuyo trabajo de más de 30 años se debe la creación de la reserva, descubrió allí que los chimpancés eran cazadores formidables que obtienen las proteínas que necesitan cazando monos y pequeños mamíferos. Un niño menor de ocho años es, por tanto, una presa potencial para los chimpancés. Hasta ahora bastaba con dejar a los niños fuera del territorio de los chimpancés, pero durante los últimos años, cada vez con mayor frecuencia, chimpancés adultos dejan el bosque de las reservas y se adentran en los cultivos y poblaciones cercanas buscando niños. Algunos bebés han sido arrebatados violentamente de los brazos de sus madres. Otros han desaparecido de sus cunas mientras dormían. Y en los poblados el temor crece día a día. «Desde el ataque –dice Anet– no hemos vuelto a los campos. Hemos empezado a plantar banana junto a la casa. Es más seguro aquí.»

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