LISTADOS DE Refranes


¿que son los refranes?

Los refranes son dichos breves, que representan algún aspecto del sentido común o de sabiduría popular. La palabra refrán es de origen francés “refrain” que significa “estribillo”.  
La  finalidad  de los refranes es transmitir una enseñanza o mensaje. La estructura del refran suele seren rima


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LISTADOS DE Refranes 


A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
A abril alabo si no vuelve el rabo.
A amante que no es osado, dale de lado.
A amo ruin, mozo malsín.
A amor mal correspondido, ausencia y olvido.
A amor y fortuna, resistencia ninguna.
A año tuerto, labrar un huerto.
A árbol caído, todo son piedras.
A asno lerdo, arriero loco.
A ayer, lo conocí; pero a mañana nunca lo vi.
A balazos de plata y bombas de oro, rindió la plaza el moro.
A barba moza, vergüenza poca.
A barba muerta, obligación cubierta.
A barbas honradas, honras colmadas.
A barco nuevo, capitán viejo
A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo mío bebo.
A bestia comedora, piedras en la cebada.
A bestia loca recuero modorro.
A bestia loca, recuerdo modorro.
A bicho que no conozcas, no le pises la cola.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
A bien obrar bien pagar.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
A bloque, la casa en roque.
A bocado harón espolada de vino.
A bocado harón, vino por espolón.
A bodas y a niño bautizado, no vayas sin ser llamado.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
A borrico desconocido, no le toques la oreja.
A buen amo, mejor criado.
A buen andar o mal andar, comer y guardar.
A buen año y malo, molinero y hortelano.
A buen capellán, mejor sacristán.
A buen comedor, quitárselo de delante.
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
A buen gato, buen rato.
A buena hambre no hay pan duro.
A buen señor, buena demanda.
A buen sueño no hay cama dura.
A buena barbechera, mejor sementera.
A buena confesión, mala penitencia.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
A buena fiesta, mala nueva.
A buena hora pidió el rey gachas.
A buena suela, mala pieza.
A buenas ganas, huelgan las salsas.
A buenas horas mangas verdes.
A buenos ocios malos negocios.
A buey viejo no le cates majada, que él se la cata.
A buey viejo no se le saca paso.
A buey viejo pasto tierno.
A buey viejo, cencerro nuevo.
A burra nueva, cincha amarilla.
A burra vieja, albarda nueva.
A burro desconocido, no le toques la oreja.
A burro negro no le busques pelo blanco.
A burro viejo, poco verde.
A caballero nuevo, caballo viejo.
A caballo ajeno, espuelas propias.
A caballo brioso toca: o frenarlo o se desboca.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
A caballo corredor, cabestro corto.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
A caballo de presente, no se le repara el diente.
A caballo grande, grandes espuelas.
A caballo nuevo jinete viejo.
A caballo que se empaca, darle estaca.
A caballo que vuela, ¿para qué la espuela?.
A caballo regalado no se le mira el diente.
A cabellos enredados, piojos por descontado.
A cada cabeza su seso.
A cada cajón, su aldabón.
A cada cañada le llega su añada.
A cada cerdo le llega su San Martín.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
A cada guaraguao le llega su pitirre.
A cada pajarillo le gusta su nidillo.
A cada pajarillo parécele bien su nido.
A cada paje, su ropaje.
A cada parte hay tres leguas de mal camino.
A cada paso, un gazapo.
A cada pez le llega su vez.
A cada puerco le llega su San Martín.
A cada puerta, su dueña.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
A cada santo le llega su día de fiesta.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
A cama chica, echarse en medio.
A can que lame ceniza, no le debes confiar la harina.
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
A canto de sirenas oídos de pescadores.
A capa vieja no le dan oreja.
A carne de lobo diente de perro.
A carne de lobo, hambre de can.
A carne dura, diente de perro.
A carne mala, buena salsa.
A carnero castrado no le tientes el rabo.
A casa de tu hermana, una vez a la semana.
A casa de tu hermano no irás cada verano.
A casa de tu tía, más no cada día.
A casa del amigo rico, irás siendo requerido, y a casa del necesitado, irás sin ser llamado.
A casa del cura, ni por lumbre vas segura.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
A casa vieja, portada nueva.
A catarro gallego, tajada de vino.
A cautela, cautela y media.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
A cena de vino, desayuno de agua.
A clérigo hecho fraile, no le fíes tu comadre.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
A como come el mulo, caga el culo.
A consejo ido, consejo venido.
A consejo ruin, campana de madera.
A cordero extraño no agasajes en tu rebaño.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
A cualquiera se le muere un tío.
A cuenta de los gitanos, roban muchos castellanos.
A cuenta del tío rico trabajaba Perico
A dineros pagados, brazos quebrados.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
A Dios rogando y con el mazo dando.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
A Dios, llamaron tú.
A Dios, lo mejor.
A Dios, nada se le oculta.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
A donde las dan, allí las toman.
A donde se cree que hay chorizos, no hay clavos donde colgarlos.
A donde te duele, ahí te daré.
A dónde vas a ir que más valgas.
A donde vas bien A donde más se tiene.
A dos días buenos, cientos de duelos.
A embestida de hombre fiero, pies, para que os quiero!
A enemigo que huye, puente de plata.
A enfermedad ignorada, pocas medicinas y a estudiarla.
A escote nada es caro.
A ese precio, no habría ya vara en la tienda.
A espalda vuelta, no hay respuesta.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
A falta de caballos, troten los asnos.
A falta de corazón, buenas las piernas son.
A falta de faisán, buenos son rábanos con pan.
A falta de gallina, bueno es caldo de habas.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde.
A falta de manos, buenos son pies.
A falta de olla, pan y cebolla.
A falta de pan, buenas son tortas.
A falta de trigo, venga centeno.
A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.
A falta vieja, vergüenza nueva.
A feria vayas que más valgas.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
A fin de año, remienda tu paño.
A flores nuevas, afeite perdido.
A fortuna adversa no hay casa enhiesta.
A fuego y a boda va la aldea toda.
A fuerza de constancia y fina intriga, un elefante desfloró a una hormiga.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
A fuerza de martillar, el herrador deja de herrar.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
A fullero viejo, flores nuevas.
A galgo mojado, liebre enjuta.
A galgo viejo echadle liebre y no conejo.
A gallego pedidor, castellano tenedor.
A gata vieja, rata nueva.
A gato escaldado una vez nomás lo atrapan.
A golpe dado no hay quite.
A golpe de mar, pecho sereno.
A gracias de niño y canto de pájaros, no convides a tu amigo.
A gran arroyo, pasar postrero.
A gran calva, gran pedrada.
A gran pecado, gran misericordia.
A gran solicitud, gran ingratitud.
A gran subida, gran caída.
A grandes cautelas, otras mayores.
A grandes males, grandes remedios.
A gusto de los cocineros, comen los frailes.
A heredad vieja, heredero nuevo.
A hija casada, los yernos a la puerta.
A hijo malo, pan y palo.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
A hombre desgarbado, dale de lado.
A hombre hablador e indiscreto no confíes tu secreto.
A hombre recién levantado, ni le propongas negocios ni le pidas un prestado.
A honra demasiada, interés hay encubierto.
A hora mala no ladran canes.
A hortelano tonto, patatas gordas
A invierno lluvioso, verano abundoso.
A iros de mi casa y ¿qué queréis con mi mujer?, no hay que responder.
A la aguja buen hilo, y a la mujer buen marido.
A la ballena todo le cabe y nada la llena.
A la bestia cargada el sobornal la mata.
A la boda del herrero, cada cual con su hierro.
A la borrica arrodillada, doblarle la carga.
A la bota, darle el beso después del queso.
A la buena casada, sólo su marido le agrada.
A la buena mujer, poco freno le basta.
A la cabeza, el comer la endereza.
A la cama no te irás sin saber una cosa más.
A la cara más fea, la alegría la hermosea.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
A la col, tocino, y al tocino, vino.
A la corta o a la larga cae el burro con la carga.
A la corta o a la larga el galgo a su liebre mata.
A la cuarta, ni los bueyes.
A la culpa, sigue la disculpa.
A la dama hermosa, por el pico le entra la rosa.
A la fuerza ahorcan.
A la fuerza, ni los bueyes.
A la galga y a la mujer, no le des la carne a ver.
A la gallina apriétale el puño y apretarte bien el culo.
A la gallina y a la mujer le sobran nidos donde poner.
A la guerra, con la guerra.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
A la hija mala, dineros y a casarla.
A la hija muda, su madre la entiende.
A la hija traviesa, con azotes se endereza.
A la justicia y a la inquisición chitón.
A la larga el galgo a la liebre mata.
A la larga todo se sabe.
A la larga, lo más dulce amarga.
A la leche nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡Déjate caer, valiente!
A la lengua y a la serpiente hay que temerles.
A la lumbre y al fraile no hurgarle.
A la luz de la tea, no hay mujer fea.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
A la mala hilandera, la rueca le hace dentera.
A la mar madera, y huesos a la tierra.
A la miel, golosas, y al aceite, hermosas.
A la mona que te trae el plato no le mires el rabo.
A la moza ser buena, y al mozo el oficio, no les puede dar mayor Beneficio.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
A la moza y al fraile, que no les de el aire.
A la muerte no hay cosechador que la coseche.
A la muerte no hay que temerle ni buscarla, únicamente esperarla.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
A la mujer bailar y al burro rebuznar, el diablo no les debió enseñar.
A la mujer barbuda o muy velluda, el diablo la sacuda.
A la mujer barbuda, de lejos se la saluda.
A la mujer bella y honesta, casarse poco le cuesta.
A la mujer brava, la soga larga.
A la mujer casada, nunca le falta novio.
A la mujer casta, Dios le basta.
A la mujer del carnicero le medra la carne en la mano.
A la mujer dile tu amor una vez, que el diablo se lo dirá diez.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
A la mujer hay que tenerla bien comida, bien amada y bien vestida.
A la mujer honrada su propia estima le basta.
A la mujer loca, más le agrada el pandero que la toca.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
A la mujer pedigüeña ponla donde habita la cigüeña.
A la mujer pedigüeña, la persigue la cigüeña.
A la mujer ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena.
A la mujer y a la cabra, soga larga. Pero sin perderla de vista.
A la mujer y a la guitarra hay que templarla para usarla.
A la mujer y a la lechuga, por la cintura.
A la mujer y al ladrón, quitarles la ocasión.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
A la necesidad no hay ley.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
A la puta y al barbero, nadie los quiere viejos.
A la que a su marido encornuda, Señor y tú la ayuda.
A la que bien baila, con poco son le basta.
A la que fue flor, algo le queda de olor.
A
A la que uno no contenta, no bastan dos ni cincuenta.
A la ramera y a la lechuga, una temporada les dura.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
A la res vieja, alíviale la reja.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
A la sierra tocino y al serrador vino.
A la sierra, ni dueña ni cigüeña.
A la sombra de los buenos viven los malos sin freno.
A la sombra del nogal no te pongas a recostar.
A la tercera va la vencida.
A la tierra que fueres haz lo que vieres.
A la una, que bien que mal, en cada casa comido han.
A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.
A la vaca, hasta la cola le es abrigada.
A la vejez aladares de pez.
A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.
A la vejez, cuernos de pez.
A la vejez, viruelas.
A la viuda y al abad, el diablo les amasa el pan.
A la vulpeja dormida, no le cae nada en la boca.
A largos días, largos trabajos.
A las andadas volví, pronto me arrepentí.
A las barbas con dinero, honra hacen los caballeros.
A las cosas menudas, el alguacil acuda y a las cosas grandes, el señor alcalde.
A las diez deja la calle para quien es
A las diez deja la casa do estés. Si en la tuya estás, te acostarás.
A las diez, en la cama estés; mejor antes que después.
A las obras me remito.
A las putas y a los barberos, a la vejez los espero.
A las romerías y a las bodas van las locas todas.
A lo bueno, pronto me hago yo; a lo malo, no.
A lo hecho, pecho.
A lo más oscuro, amanece Dios.
A lo que el Rey manda y Dios ofrece, hay que hacerse.
A lo que has de negarte, niégate cuanto antes.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
A lo que no puedas, no te atrevas.
A lo que no puede ser, paciencia.
A lo que no te agrada, haz que no oyes nada.
A lo que no tiene remedio, litro y medio.
A lo que puedas solo no esperes a otro.
A los burros palos, y a la mujer regalos.
A los cincuenta, el mal del mes ya no lo ves.
A los enemigos bárreles el camino.
A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
A los galgos del rey no se les escapa liebre alguna.
A los tontos y a los porfiados, la mejor bofetada es dejarlos.
A los treinta doncellez, muy rara vez.
A los tuyos, con razón o sin ella.
A luz de la candela, toda música parece bella.
A maestro de espada, aprendiz de pistola.
A mal abad, peor sacristán.
A mal amo, mal criado.
A mal comer o bien comer, tres veces beber.
A mal Cristo, mucha sangre.
A mal dar, apretar el culo contra el sitial.
A mal hablador, discreto oidor.
A mal mortal no hay hierba que val.
A mal sarmiento, buena podadera.
A mal tiempo, buena cara.
A mala cabeza, buenas son piernas.
A mala cama, colchón de vino.
A mala cuenta, no hay providencia buena.
A mala leña un buen brazado.
A mala lluvia, buen paraguas.
A mala suerte, envidia fuerte.
A mala venta, mala cuenta.
A malas piernas, buenas muletas.
A malos ratos, buenos tragos.
A manchas de corazón no basta ningún jabón.
A manos de traidores perecen los buenos servidores.
A manos frías, corazón ardiente.
A mantel puesto, tendrás amigos ciento; no de tu trato sino de tu plato.
A marido ausente, amigo presente.
A más amor, más pudor.
A más años más pecados.
A más beber, menos comer.
A más doctores, más dolores.
A más oro, menos reposo.
A más vivir, más sufrir.
A médico, confesor y letrado, hablarle claro.
A medida del santo son las cortinas.
A mengua de carne, buenos son pollos con tocino.
A mi amigo quiero, por lo que de él espero.
A mi casa lleve un amigo, el se quedó de amo y yo despedido.
A mi los tiburones me enseñan los dientes.
A mi mujer bermeja, por el pico le entra, que no por la oreja.
A mi padre llaman hogaza y yo me muero de hambre.
A mi prójimo quiero, pero a mí el primero.
A mí todos me hallan, pero yo no hallo a nadie.
A la que tenga más de treinta, no la pretendas.
Y hasta aquí esta entrega de refanes populares, esperando que hayan disfrutado de su lectura

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