Sólo un perro muerto….nomás Jose Larralde

            Lo ví, tirao, de pasada,
            en un costao de la huella,
            un perro muerto nomás... que al final poco interesa.
            Seguro toreó algún auto y cayó bajo una rueda,
            o tal vez de puro zonzo no vio el peligro siquiera
            y por ser manso y confiao, encaró sin darse cuenta,
            que también pueden los perros ser distraídos una vuelta
            y andar como los cristianos cabestreando alguna pena.
            Y como yo esa tarde iba de cabeza fresca,
            seguí pensando en su muerte
            en un costao de la huella,
            y lo empecé a acomodar adentro de mis ideas,
            lo hice mío o de otra gente
            pero no es el caso... sea como sea,
            se me hizo que el pobre tenía dueño, que de alguien era.
            Lo imaginé seguidor de un caballo campo afuera,
            ayudando a su patrón a lidiar con las ovejas
            o convertido en guardián de alguna casa campera.
            Y me pareció escucharlo
            ladrando a una comadreja,
            o esperando a algún ratón junto a una pila de leña;
            que los perros, compañero,
            más de un servicio nos prestan.
            Por ahí, me dio por pensar
            siguiendo con mi zoncera,
            que pudo ser de algún chico que lo acompañó a la escuela
            y mientras él estudiaba, salió a campear una presa,
            y solo encontró la muerte en un costao de la huella.
            Y ahí, si,
            ahí la idea se me puso más triste que la otra idea,
            porque un perro para un muchacho,
            es en el campo, aunque no crea,
            amigo, hermano y juguete
            para pasar horas enteras.
            Se llamaría Guardián, Barbucho, Pinta, Sorpresa,
            Bravo, Gaucho, Capitán o el nombre que le pusieran
            si ahora, total está muerto, y eso tampoco interesa.
            Solamente hay que pensar que en algún rancho lo esperan,
            y no faltará el que diga que se fue tras una perra
            pensando que el muy ladino, ni extrañará la querencia.
            Ya nunca saldrá por el campo bajo el estribo del que monta,
            ni seguirá a un muchachito que hoy lo entristece su ausencia,
            ni cuidará de las casas a un costao de la puerta.
            Por eso ¿ para qué pensar ?
            si con esto nada se remedia
            y estas cosas al final,
            se olvidan como cualquiera ?
            Lo vi tirado al pasar, en un costao de la huella,
            un perro muerto nomás, que al final... poco interesa...
                                                                       José Larralde

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