El discurso a la muerte de Neil Armstrong y Aldrin

El emotivo discurso que afortunadamente nunca se pronunció

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El 27 de septiembre de 2009 murió a los 79 años William Safire, el hombre que le escribía los discursos a Nixon. Entre otras piezas, le escribió al presidente este discurso, en el que Nixon comunicaba a los ciudadanos americanos su intención de abandonar Vietnam, aceptando de modo implícito una derrota militar, que tanto ha influido en decisiones posteriores de la Casa Blanca.
Pero no fue éste, con ser tan trascendente, el discurso más emotivo que escribió Safiro para su jefe. A raíz de su muerte está aflorando la parte de su obra que quedó oculta. Las imágenes de arriba corresponden a los dos folios que preparó el periodista para el caso que la expedición del Apolo XI a la luna hubiera fracasado. Nada queda al azar en estos casos, ni siquiera la fatalidad. Impresiona comprobar las instrucciones precisas que figuran en el segundo de los folios, recordando que el presidente debía comunicarse con las viudas de Armstrong y Aldrin inmediatamente antes de leer el discurso a la nación, o la recomendación que hace al clérigo encargado del oficio religioso para que utilice las mismas formulas de las ceremonias funerarias en la mar.
Es un gran y emotivo discurso que, afortunadamente, no se pronunció jamás

Trascripción del discurso:

El destino ha ordenado que los hombres que fueron a la Luna para explorar en paz permanezcan en ella para descansar en paz. Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza para su recuperación. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad en su sacrificio.

Estos dos hombres pierden la vida por el más noble objetivo de la humanidad: la búsqueda de la verdad y la comprensión. Serán llorados por sus familiares y amigos; serán llorados por su nación; serán llorados por los pueblos del mundo; serán llorados por la Madre Tierra que se atrevió a enviar a dos de sus hijos hacia lo desconocido.

En su exploración, agitaron a los pueblos del mundo para sentirse como uno; en su sacrificio, unieron más estrechamente la hermandad de la humanidad. En la antigüedad, el hombre miró y vio estrellas en las constelaciones a sus héroes. En los tiempos modernos, hacemos lo mismo, pero nuestros héroes son hombres épicos de carne y hueso.

Otros los seguirán, y seguramente encuentren su camino a casa. La búsqueda del hombre no será negada. Pero estos hombres fueron los primeros, y que seguirán siendo los principales en nuestros corazones. Para cada ser humano que mire a la Luna en las noches venideras sabrá que hay un pedazo de otro mundo que es humano para siempre.

http://www.latxaga.com/2009/10/un-emotivo-discurso-que-afortunadamente.html

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